Cómo gestionar el estrés en el trabajo sin agotarte (guía práctica para días reales)
Empieza “normal”. Abres el correo, saltan pings del chat, tu agenda se llena de reuniones, y tu cabeza ya va dos pasos por delante del cuerpo. En algún punto, notas el pecho más apretado, la mandíbula dura y una prisa rara, aunque estés sentado. Ese es el inicio del espiral.