Pausa empezó por un ataque de pánico: cómo la respiración se volvió mi ancla

Hay días en los que la casa se siente más grande de lo normal. El silencio pesa. Abres el cajón que siempre abrías, miras el sofá donde alguien se sentaba, y algo te aprieta por dentro sin avisar. No es una idea clara, es un nudo en el pecho.

Publicado el: 10/2/2026
Autor: Andy Nadal

Hay días en los que la casa se siente más grande de lo normal. El silencio pesa. Abres el cajón que siempre abrías, miras el sofá donde alguien se sentaba, y algo te aprieta por dentro sin avisar. No es una idea clara, es un nudo en el pecho.

En ese tipo de etapas, el duelo y el estrés no se suman como números. Se acumulan como platos en el fregadero. Al principio lo toleras. Luego empiezas a vivir con el cuerpo tenso. Hasta que un día, sin ceremonia, el sistema se desborda.

Así empezó Pausa. No como un “proyecto” bonito, sino después de un ataque de pánico que me cambió la forma de entender algo tan básico como respirar. En este post cuento ese momento, lo que aprendí a fuerza de repetirlo en días reales, y por qué una pausa de 2 a 5 minutos puede marcar diferencia cuando sientes que no puedes con tu mente.

Cuando llegó el ataque de pánico, lo confundí con algo peor

El primer ataque de pánico no se siente como “ansiedad”. Se siente como emergencia. El corazón acelera, el pecho se cierra, la respiración se vuelve rara, y la cabeza empieza a gritar historias. La más común es brutal: “me estoy muriendo”.

A muchas personas les pasa lo mismo. Confunden un ataque de pánico con un infarto, o con una señal de que ya no van a poder volver a sentirse normales. Y ese miedo tiene lógica, porque el cuerpo entra en modo alarma y todo se percibe como amenaza.

Lo peor es el círculo. En el ataque de pánico, respirar se vuelve difícil, o al menos se siente así. Entonces aparece el impulso de “llenar” aire a la fuerza. Y cuando no sale como esperas, el miedo sube otro nivel.

Antes de seguir, una aclaración importante: este texto no sustituye ayuda profesional. Si estás pasando por ataques de pánico, o tienes síntomas que te asustan, busca apoyo médico o psicológico. Pedir ayuda a tiempo no es exageración, es cuidado.

Señales que noté en mi cuerpo (y por qué asustan tanto)

No voy a ponerle etiqueta clínica a lo que sentí, pero sí puedo describirlo. Fue una mezcla de señales físicas que, juntas, se sienten como una trampa:

  • Pecho apretado y respiración corta, como si el aire se quedara “arriba”.
  • Manos frías u hormigueo, a veces también en la cara.
  • Mareo y sensación de ir “en automático”.
  • Respiración rápida, casi sin darte cuenta.
  • Pensamientos catastróficos, la mente buscando una explicación terrible.

Lo que asusta no es solo el síntoma. Es la lectura que haces. Si sientes que te falta el aire, tu cerebro lo interpreta como peligro inmediato. Y cuando el cerebro cree que hay peligro, el cuerpo aprieta el acelerador.

Lo que nadie te dice: pelear con la respiración lo empeora

En esos minutos, yo intenté “controlarlo todo”. Intenté calmarme con fuerza de voluntad. Intenté respirar profundo como si fuera un botón mágico. Y lo que pasó fue que me tensé más.

Con el tiempo entendí una idea simple: si sientes miedo, tu respiración se altera; si tu respiración se altera, sientes más miedo. El cuerpo se convence de que hay amenaza, aunque estés sentado en tu cuarto.

La salida no fue ganar una batalla mental. Fue cambiar el ritmo físico. No perfecto, no heroico, solo más lento y más guiado. Algo que mi cuerpo pudiera seguir cuando mi cabeza estaba acelerada.

Me fui solo a las montañas y empecé a encontrar respuestas en algo simple, respirar

Después de dos ataques de pánico, entendí que necesitaba espacio. Me fui a las montañas, no para “curarme” de golpe, sino para bajar ruido. Caminar. Dormir mejor. Comer sin prisa. Volver a lo básico.

Ahí empecé a probar técnicas de respiración y mindfulness, pero con un criterio muy claro: si algo requería una hora libre, una disciplina perfecta, o una calma que yo no tenía, no me servía. En los días difíciles, lo único realista es lo que puedes hacer cuando estás activado.

Lo que funcionó fueron ejercicios cortos, repetidos en momentos clave. Antes de una llamada. Después de una discusión. Cuando la mente empezaba a correr en la cama. Y lo más importante: no lo viví como algo “místico”. Lo viví como biología.

Respirar es el puente más directo entre lo que pasa en tu mente y lo que pasa en tu cuerpo. Cambias el patrón, cambias la señal interna. Es como bajar el volumen de una alarma, no porque el problema desaparezca, sino porque ya no te está gritando en el oído.

Si te interesa profundizar con ideas prácticas y lenguaje claro, en el Blog de respiración consciente hay guías que aterrizan estas herramientas a situaciones del día a día.

Por qué lo simple funcionó mejor que “tener disciplina”

Cuando estás ansioso, pedirte hábitos perfectos es como pedirle a alguien con fiebre que corra un maratón. Suena bien en teoría, pero no se sostiene.

Lo simple me ayudó porque era posible. Un ejercicio de 2 a 5 minutos cabe en casi cualquier lugar. Y cuando lo repites, se vuelve familiar. Esa familiaridad importa, porque en plena ansiedad lo último que necesitas es aprender algo nuevo.

También me ayudó porque no me exigía “meditar bien”. No tenía que vaciar la mente. Solo tenía que seguir un ritmo.

Los ejercicios que empecé a practicar cuando la ansiedad subía

Probé muchas cosas, pero tres estilos se quedaron conmigo por cómo se sienten en el cuerpo:

La respiración resonante me daba calma suave, como si el cuerpo encontrara un punto medio. La box breathing (respiración en caja) me ayudaba a recuperar enfoque, sobre todo cuando mi mente estaba saltando. Y un estilo tipo Wim Hof se sentía distinto, más intenso, más energético, útil cuando me sentía apagado (siempre con cuidado y sentido común).

No hay una técnica “mejor” para todo. Hay técnicas que encajan mejor con tu momento, y con tu nivel de activación.

De ese momento nació Pausa, una app para gente que no quiere complicarse

Pausa nació de una búsqueda muy concreta: algo que funcionara cuando la ansiedad aparece sin pedir permiso. No quería una app que me hiciera sentir culpable por no meditar. Quería una herramienta sencilla, rápida y usable en la vida real.

La idea central es directa: no todo el mundo medita, pero todo el mundo respira. Si el bienestar mental quiere ser accesible, tiene que empezar por ahí. Por eso Pausa se diseñó como una app de respiración guiada para bajar estrés y ansiedad, dormir mejor y cortar el scroll automático. Está disponible para iOS y Android.

En medio de ese proceso entendí algo que hoy guía todo: cuando estás en un momento difícil, no necesitas más información, necesitas compañía. Una voz que te marque el ritmo, un camino corto, una pausa que se sienta posible.

Qué hace diferente a Pausa: sesiones cortas, guiadas y con base en ciencia

Pausa no intenta meterte en rituales largos. Las sesiones son breves y con audio, pensadas para usarlas cuando de verdad las necesitas, antes de una junta, después de un conflicto, o al acostarte con la mente prendida.

La app reúne técnicas de respiración que se han estudiado y que se usan desde hace años en contextos de rendimiento y manejo del estrés. Sin exagerar, la lógica es simple: si ordenas la respiración, el cuerpo tiende a salir del modo alarma con más facilidad.

Ese enfoque también quita presión. No se trata de hacerlo “perfecto”. Se trata de volver al cuerpo, un par de minutos, y recuperar estabilidad.

Menos pantalla, más calma, una pausa en el momento correcto

Hay apps que viven de tu atención. Pausa busca lo contrario: que sueltes el teléfono. Que salgas del “solo cinco minutos más” y vuelvas a ti.

Por eso incluye herramientas sencillas como el registro de estado de ánimo y las rachas, no como competencia, sino como recordatorio amable de que lo pequeño sí cuenta. No tienes que cambiar tu vida completa, solo elegir mejor tus micro-momentos.

Si te hace sentido probarlo, puedes descargar Pausa y empezar con una pausa corta hoy mismo.

Conclusión

De todo esto me quedo con tres aprendizajes: el cuerpo avisa antes que la mente, la respiración puede cambiar tu estado en minutos, y las pausas pequeñas se acumulan como ahorro, casi sin que lo notes.

Si estás viviendo ansiedad o ataques de pánico, busca apoyo profesional si lo necesitas. No tienes que cargarlo solo, y no hay medalla por aguantar en silencio.

Pausa empezó por un ataque de pánico, pero siguió por algo más humano: la necesidad de tener un método simple cuando el mundo aprieta. Si quieres saber más de la historia detrás y de lo que fui aprendiendo en el camino, aquí está mi página personal. Y si hoy solo puedes hacer una cosa, que sea esta: respira un poco más lento, y date permiso de seguir, sin prisa.

Descarga Pausa

Descubre artículos sobre respiración, bienestar mental y cómo Pausa puede ayudarte a sentirte mejor.